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“El premio Goya de Soroiz y el proyecto Maspalomas han sido una oportunidad excelente para dar a conocer nuestra narrativa fuera de Euskal Herria”
Tras cursar estudios de Empresariales y ejercer como profesor en el grado de Comunicación Audiovisual de Mondragon Unibertsitatea, ha consolidado su trayectoria en dirección y guión de cine. Entre sus últimos trabajos destaca la película Maspalomas, que acaba de dirigir, y gracias al cual José Ramón Soroiz ha obtenido el Premio Goya al Mejor Actor Protagonista.
¿Cómo surge una idea en Moriarti? ¿Crees que la creatividad se puede entrenar o es algo innato?
Creo que la creatividad se puede entrenar, ya que a través de una disciplina se trabaja la capacidad de desarrollar ideas. Sin embargo, hay algo que es innato, que no se puede entrenar, una forma particular de ver el mundo. Me gusta la tesis de Alan Moore: las ideas flotan en una esfera cósmica y hay que tener la antena encendida para captarlas. En nuestra opinión, lo que hacemos nos tiene que gustar primero al propio equipo. Debe nacer de esa honestidad, porque vas a pasar mucho tiempo con cada proyecto.
¿Cómo gestionáis las discrepancias y cómo llegáis al flujo narrativo perfecto de un proyecto?
Para el equipo es fundamental contar con alguien que haga de frontón, que te diga con honestidad «esto no me gusta». Puedes sentirte como si te hubieran dado una paliza en el ring cuando tus ideas acaban por los suelos, pero es parte del proceso. Antes de empezar el rodaje hacemos cónclaves: ponemos todas las escenas en la pared y las leemos una a una. No son matemáticas, es una especie de alquimia; el objetivo es quitar lo que resulta repetitivo y darle sentido a ese desierto.
¿Crees que hoy en día los algoritmos marcan el rumbo de la ficción? ¿Cómo afecta eso a la libertad en la dirección y el guión?
Los algoritmos difuminan el punto de vista humano. Algunas plataformas piden contenidos para llenar nichos concretos, con patrones muy marcados, y quien dirige se convierte en un simple ente ejecutor. Se ha dicho que el objetivo de Netflix es quitarle horas de sueño al público, y eso, como amante del cine, me genera preocupación. Soy consciente de que se hace mucha basura, pero mantengo el optimismo y me sigo sentando ante una película con la misma ilusión de la infancia.
La inteligencia artificial también está a debate. A tu juicio, ¿estas nuevas tecnologías pueden llegar a sustituir la creación artística?
No soy ningún experto, pero se puede decir que me da miedo. Sin embargo, como dice James Cameron, la tecnología (ya sea la IA o los efectos especiales) es muy útil, pero en el epicentro del éxito tiene que estar el ser humano. Si una película como Avatar tiene éxito, es porque debajo están los movimientos y la sensibilidad humana. La tecnología es una herramienta, pero el alma la tienen que poner las personas.
¿Qué importancia crees que tienen el cine y la narrativa a la hora de construir la identidad vasca?
Un pueblo fuerte necesita una buena economía, pero también una narrativa potente. Estados Unidos o Francia han colonizado el mundo con sus ideas gracias al cine. Nosotros tenemos que poner el foco vasco en las historias actuales: la vida de una chica de Bilbao o la de una persona vasca que vive en Maspalomas también conforman nuestro pueblo. El cine vasco goza de buena salud, pero debemos ser conscientes de que esa narrativa es nuestro hilo invisible y tenemos que fomentarlo como pueblo.
José Ramón Soroiz ha ganado el primer Premio Goya de su carrera a los 75 años, gracias a Vicente. ¿Qué hace que la interpretación de Soroiz sea tan especial y merecedora del galardón?
José Ramón ha puesto muchísimo corazón en este proyecto y eso es algo que el público nota enseguida; hay mucha verdad en su interpretación. Él es como es, y trabajando también le cuesta ocultar ese carácter suyo: cuando se enfada, se enfada de verdad, y cuando se emociona, esa emoción también es real. En Euskal Herria ya lo sabíamos, porque llevamos mucho tiempo viendo su trabajo, pero con esta película mucha gente lo acaba de descubrir. Ha aportado muchísimo a Maspalomas y este premio ha sido una oportunidad excelente para darle a conocer fuera de Euskal Herria; estamos muy felices.
Desde la dirección, ¿qué sentiste al escuchar que José Ramón Soroiz iba a recibir el Goya al Mejor Actor? ¿Cómo vivisteis ese momento tú y todo el equipo?
Al principio, sentí nervios y, luego, tranquilidad. La gala iba muy previsible a mi parecer, pero cuando llegó nuestro turno, me puse de los nervios. Después, verle en el escenario fue precioso. Hizo el 80 % de su discurso en euskera, a pesar de que la mayoría de quienes estaban allí no le entendían, y tiró para adelante; escuchar eso también fue muy bonito para el equipo.
¿Cómo llevaría Moriarti la Experiencia Cooperativa de Mondragón al cine?
Para abordar ese proyecto, buscaría y contaría la historia de un pequeño grupo, no la de una sola persona; ya que esa es precisamente la esencia del cooperativismo. Pero esa historia debe tener corazón, capacidad de emocionar y conmover al público, y también tensión dramática para que la narración tenga fuerza. Todo ello debería hacerse desde la honestidad y la cercanía, pero también desde la visión crítica. De hecho, sin espíritu crítico se corre el riesgo de hacer propaganda, lo que supone llegar únicamente a quienes ya tienen el convencimiento de antemano. Una buena película debe ofrecer un valor añadido a quien la ve. Al fin y al cabo, una buena película no debería dejar al público en el mismo lugar en el que estaba antes.