¿Se ha perdido el espíritu cooperativo? (y VIII)
Hace pocos años, una de las revistas más prestigiosas del mundo nos trasladó su interés por escribir un artículo sobre MONDRAGON. El periodista no quería ofrecer una explicación romántica, algo bastante común en la bibliografía externa sobre MONDRAGON. A petición suya, diseñamos un programa de una semana con reuniones y visitas de todo tipo. Pero no quedó satisfecho; dudaba de si lograría comprender MONDRAGON y canceló el viaje. Era primavera. A finales de año, cuando le envié un mensaje para felicitarle la Navidad, me respondió que no había perdido las ganas de conocer MONDRAGON. Entonces le dije: «En lugar de escribir un artículo usual en el que los cooperativistas aparecen como personas singulares, puedes explicar la cooperativa como un tipo de empresa diferente hecha por personas normales». Y añadí: «Incluiremos en el programa que el viernes por la tarde te unas a mi grupo de amigos a tomar unos potes; y cuando regreses al hotel, si te preguntamos quién de mis amigos es socio de una cooperativa y quién no, no serás capaz de distinguirlo, pues unos y otros somos personas normales». Al poco tiempo, llegó su respuesta: «Iré».
“La Experiencia Cooperativa de MONDRAGON muestra que la virtud reside en el propio modelo. Por decirlo de algún modo: los fundadores iniciales y Arizmendiarrieta encarnaron sus valores en la estructura.”
No fue capaz, efectivamente, de identificar quiénes trabajan en las cooperativas de MONDRAGON. Tampoco lo habría sido si hubiera hecho un reportaje en cualquier otro momento de la historia de las cooperativas de MONDRAGON, ya fuera en los años sesenta o en los noventa.
Los cooperativistas no son moralmente mejores que quienes no son cooperativistas. Lo que es superior es la propia cooperativa. La Experiencia Cooperativa de MONDRAGON muestra que la virtud reside en el propio modelo. Por decirlo de algún modo: los fundadores iniciales y Arizmendiarrieta encarnaron sus valores en la estructura. Así, por ejemplo, cuando se admite a una persona como socia, siguiendo las normas, contará con un voto en la asamblea general; al mismo tiempo, siguiendo las normas, su remuneración estará delimitada entre 1 y 6; o si una cooperativa cae, siguiendo las normas, se busca otra cooperativa donde puedan trabajar los socios. No hay que debatirlo. Son las normas.
A mediados de los años cincuenta, Arizmendiarrieta y aquellos pioneros inventaron, basándose en otros modelos empresariales, un nuevo tipo; una forma de empresa en la que las personas son más importantes y que tiene un impacto más positivo en la sociedad. Tomó el nombre de cooperativa. Y esa estructura, la cooperativa, ha ido creando cooperativistas, de la misma manera que nos convertimos en ciclistas al montar en bicicleta.