¿Se ha perdido el espíritu cooperativo? (VII)
El capitalismo actual no tiene las características que Max Weber identificó en el capitalismo inicial de los siglos XVI y XVII. Max Weber, uno de los pioneros de la sociología moderna, estudió la creación de ese sistema en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905). Según él, la mayoría de los primeros empresarios fueron protestantes, concretamente calvinistas. ¿Qué les impulsaba al éxito? El deseo de servir a Dios.
Simplificando, si las religiones orientales dan importancia a la contemplación, en el cristianismo hay cierta tensión. En el cristianismo las personas pueden obtener la salvación si cumplen una serie de requisitos: en el caso del catolicismo, sobre todo por la realización de buenos actos; en el caso del calvinismo, por el éxito material. A esto último hay que sumar que en aquellos siglos la salvación era una preocupación enorme y que los sacerdotes ejercían una influencia muy grande. Con todo, entre los calvinistas apareció una nueva ética: era una obligación, por un lado, trabajar duro y, por otro lado, llevar una vida regida por la sobriedad.
El mayor pecado era perder el tiempo. Por ejemplo, si practicaban deporte no era por disfrute, sino para aumentar su rendimiento físico. No había que dilapidar el tiempo; el tiempo era dinero.
Esa ética fomentó un comportamiento económico racional: cuanta más riqueza acumulaban, más celo habían de tener al utilizar aquel capital. Lo volvían a invertir y crecía el deseo de aumentar la riqueza mediante el trabajo incesante.
Por otra parte, vivían con austeridad, lejos de la ostentación. No empleaban la riqueza para llevar una vida de lujo.
Se produjeron circunstancias curiosas (vistas con la mirada de hoy). Siendo la salvación una cuestión individual, cada persona debía triunfar por sí misma; en algunos casos el padre adinerado no dejó a sus descendientes la herencia para que estos pudieran demostrar por sí mismos que eran merecedores de la gracia de Dios.
Más adelante, el atractivo que ejercían las riquezas terrenales derrotó aquel espíritu inicial y el capitalismo olvidó su origen.
No obstante, y a pesar de que en el sur de Europa la religión dominante es la católica, algunos de los comportamientos arriba mencionados están presentes en general en la sociedad vasca: la importancia del trabajo (así, es más grave que a alguien le llamen vago que idiota) y la falta de altivez material (difícilmente vemos en este entorno coches y relojes de alta gama), por ejemplo.