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“Aquí siempre hay planes, cenas, comidas, excursiones…”
Llega a la cita puntual, ese valor cultural que tan orgullosos lucen los británicos. No ha perdido la buena costumbre de llegar a la hora, aunque lleve ya 24 años en Arrasate, casi media vida. Aterrizó un noviembre lluvioso de 2002 en el aeropuerto de Bilbao, con una maleta ligera y 26 añitos recién cumplidos. Hoy es madre de un hijo y dos hijas.
Cuéntanos, ¿cómo llegaste a Euskal Herria?
Estudié en Bristol un grado lingüístico y tras finalizar los estudios comencé a trabajar, siempre con contratos temporales, y decidí irme al extranjero. Posteriormente, en Dublín saqué el título de profesora de inglés y comencé a buscar trabajo en el extranjero. Todos los jueves, los periódicos en Inglaterra publicaban ofertas de trabajo de prácticamente todo el mundo y encontré la oferta del CIM (actual MLAKOOP). Envié mi CV, recuerdo que me entrevisté con Mike Church, y a los pocos días me ofrecieron el puesto de trabajo. En noviembre de 2002 estaba en Arrasate, ofreciendo formación de inglés en empresas.
¿Sentiste la necesidad de salir de tu país por alguna razón concreta?
No me lo pensé demasiado. Sentía la necesidad de salir de mi país, pero no sabría decirte por qué. Mi hermana siempre me dice que mi sueño era buscar nuevas aventuras. Tomé la decisión quizá de forma inconsciente pero hoy me siento super feliz de emprender la aventura que emprendí hace 24 años.
Y llegaste a Arrasate.
Si, recuerdo que llovía, y seguía lloviendo, un noviembre gris que no era del todo diferente al gris de mi país, pero cuando llegó la primavera me di cuenta de lo bonita que era la zona.
En el CIM (hoy MLAKOOP) tus primeras clases las diste en Fagor Industrial, ¿verdad?
Sí, así es. En Fagor Industrial daba clases a diferentes personas de la organización. Mucha gente de mi edad y desde el principio conecte con las personas. Recuerdo que una alumna me dijo que me comprase unas botas de monte. Me llevó a una tienda de Oñati, me equipé de arriba abajo, y comencé a conocer sitios y gente. Cuando recibía una invitación nunca decía que no: monte, todo tipo de eventos sociales, no me quedaba en casa y tras un año de adaptación, duro, aprendiendo el idioma y conectando con mi nueva vida, llegó la prórroga del contrato y aquí sigo.
Además, conociste al que hoy es tu marido.
En mi tercer año en Euskal Herria conocí a mi marido, Asier, que es de Arrasate. Era alumno mío y hoy es, además de mi compañero de viaje, el padre de mis tres hijos. Un chico y dos chicas. De 18, 16 y 14 años. Ethan, Leah y Kate. Nombres británicos para que no pierdan su raíz, su procedencia.
¿Su familia en Londres como vive su ausencia?
Hoy en día con la facilidad que tenemos para volar, estamos muy cerca. No ha sido traumático ni para mi familia ni para nosotros. Nos vemos varias veces al año. Mi madre viene muy a menudo. Tengo una hermana y un hermano que me gustaría que nos visitaran más a menudo, pero tienen hijos pequeños y de momento, lo tienen más complicado.
¿Qué es lo que más echas de menos?
Sobre todo, echo de menos a la familia. Estar en los cumpleaños de mis sobrinos y de mi madre, por ejemplo. Al principio añoraba las pequeñas cosas de día a día, pero es cierto que con el tiempo este tipo de añoranzas van desapareciendo.
¿Algo que te sorprendió cuando llegaste?
La gente me pareció muy directa y lo cierto es que me tuve que acostumbrar a la forma tan directa de expresarse. Me sorprendió la forma de vivir, tan social, tan en la calle. Siempre hay planes, comidas, cenas, excursiones… Ahora lo veo en mis hijos, tienen una vida social increíble, desde muy pequeños, y eso me agrada mucho.
¿La gastronomía?
Lo que más me sorprendió fue la importancia que al momento de la comida se le da aquí. Cada comida es una ceremonia. En Inglaterra, la gastronomía, la cultura gastronómica, no existe como aquí. Íbamos al chino, al indio o a otros restaurantes de diferentes lugares. En casa los domingos comíamos plato único, carne con verdura y salsas. También postre caliente… Cuando vienen mis familiares siempre les invito a la sociedad gastronómica. Para mí es un auténtico descubrimiento.
Por lo que me dices, ya eres más de aquí que de allí.
Me gustan las cosas sencillas, el poteo de los viernes por la tarde me encanta, una salida al monte en un día soleado de primavera y un par de txakolís antes de una buena comida en familia ¿Qué más se le puede pedir a la vida?
¿Somos tan cerrados como nos pintan?
Fue fácil conocer a gente, pero me costó más integrarme en un grupo de amigos. Con los niños vas conociendo a gente, se van generando círculos y socializas mucho más fácil, pero al principio sí, sois cerrados. Ahora me siento muy integrada.
Háblanos de tu trabajo.
Sigo dando clases en empresa y soy coordinadora didáctica en MLAKOOP. Socia de la cooperativa desde 2006. Estoy en el Consejo Rector y me siento plenamente desarrollada profesionalmente. He recorrido gran parte del crecimiento de la empresa, desde los años del CIM a Mondragon Lingua, y ahora MLAKOOP. Hemos crecido y seguimos abriendo puertas, ofreciendo nuevos servicios, soluciones tecnológicas, ahora con la Universidad de Mondragón en México.
¿Y qué me dices del modelo cooperativo?
Nació en Inglaterra, en Rochdale, pero en mi país no es fácil de explicarlo. No me lo han preguntado mucho, pero en la familia cuando explicas cómo funciona se sorprenden. Imagínate, mi hermano trabaja en Londres, en la banca, y es completamente diferente. Nuestro modelo es mucho más social y comprometido con el entorno, prevalece el colectivo al individuo y eso me gusta. Tenemos que poner en valor el modelo cooperativo.
Euskaraz bai?
Bai. Zerbait bai. En casa hablamos tres idiomas. Yo en inglés con mis hijos. Mi hijo mayor me habla siempre en inglés y a mis hijas les cuesta más. Entre ellos hablan en euskera y con mi marido también en euskera.
Siendo de donde eres, cuna de grandes bandas musicales, ¿qué música escuchas?
Era muy muy fan de U2, y crecí en los años 80, los años de la mejor música británica para mí. Me acuerdo que el primer CD que compre fue el de Madness. Ahora soy seguidora de la banda de mi hijo, los Bogside.
¿Algo más que quieras añadir?
Me encanta el rugby. En mi casa, tanto mi hijo como mis hijas juegan al rugby en Arrasate Rugby Taldea. Mi hija, la mediana, está con la selección de Euskadi. Yo también juego con el equipo de Arrasate, con Amak Pirolitikak. Es un deporte con mucho contacto, pero a la vez muy noble, inclusivo. A mis hijos les va muy bien y han aprendido muchos valores. Y tiene un tercer tiempo que el resto de deportes no lo tienen. Después del partido se juntan dos equipos para comer y beber algo, dejando atrás los roces que haya podido haber en el campo.