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Ruben Gabilondo, presidente en Orbea: “Me ha tocado vivir algunos de los mejores años de Orbea”
El reconocimiento recibido en la Asamblea General de este año (un gran aplauso y una profunda muestra de gratitud pública en el escenario) cierra uno de los capítulos principales de un ciclo. Bajo su liderazgo, Orbea ha experimentado un profundo crecimiento y transformación, logrando conjugar la esencia cooperativa con la proyección internacional. Ahora, a las puertas de una nueva etapa, es momento de echar la vista atrás e imaginar el futuro.
Trece años en la presidencia dan para mucho. ¿Qué balance haces de esta etapa? ¿Qué ha sido lo más bonito y qué es lo que más te ha costado?
Diría que ha sido un balance muy positivo. A decir verdad, me ha tocado vivir algunos de los mejores años de Orbea. Aunque suene a tópico, hemos pasado por momentos muy buenos a lo largo de mi trayectoria.
Destacaría especialmente el apoyo y la complicidad que he recibido por parte de mis compañeros. Al fin y al cabo, cuando estás en un cargo así, representas a un grupo de personas y es fundamental que la relación se base en la confianza. He sentido de verdad que han confiado en mí, y yo también he percibido su respaldo en todo momento.
La parte más difícil, quizá, fue compaginar al principio mi trabajo diario con el rol de la presidencia. En las cooperativas no nos “liberamos” de nuestro puesto de trabajo cuando asumimos una responsabilidad de este tipo, y eso exige un periodo de adaptación. Con el tiempo, sin embargo, el cargo fue tomando su dimensión y logré cogerle el ritmo. Siempre he intentado no perder mi papel de trabajador, manteniéndome en contacto directo con la realidad de la empresa.
Durante tus años de presidencia, ¿cómo ha cambiado Orbea por dentro? ¿Qué tiene hoy Orbea que no tuviera hace trece años?
A lo largo de mi trayectoria he intentado mantener la esencia y los valores de Orbea, y creo que lo hemos conseguido. Pero, más allá de eso, diría que ha cambiado prácticamente todo: el número de socios, la plantilla, la facturación, las instalaciones… Hemos experimentado un crecimiento increíble.
Si nos fijamos en los datos, es destacable que durante mis años de presidencia el número de socios se ha multiplicado por 3,5, y la facturación de la cooperativa es 5 veces mayor que cuando empecé.
Es destacable que durante mis años de presidencia el número de socios se ha multiplicado por 3,5, y la facturación de la cooperativa es 5 veces mayor que cuando empecé.
Las relaciones también han cambiado mucho. A menudo explico la transformación que hemos vivido con una metáfora: antes Orbea era como un pueblo pequeño; todos nos conocíamos y había una gran confianza.
En los últimos años, sin embargo, hemos pasado de ser un pueblo a ser una ciudad. Al igual que ocurre en las ciudades, las relaciones ya no son tan cercanas y se organizan por barrios. A nosotros nos ha pasado algo parecido, y tenemos el gran reto de reconstruir esas redes de relaciones de confianza y de no perder esa cercanía.
Por otra parte, este crecimiento no solo se ha reflejado en la internacionalización y en la plantilla; aquí mismo también hemos hecho una apuesta firme, realizando grandes inversiones en las instalaciones locales. Ha sido importante que, además de desarrollarnos hacia el exterior, sigamos arraigados aquí mismo, en Mallabia, reforzando nuestra capacidad industrial. Un claro ejemplo de ello es OQUO: la apuesta estratégica que hemos hecho para desarrollar y fabricar ruedas aquí mismo, apostando por un producto propio de mayor valor añadido. Más allá de eso, qué duda cabe de que el propio producto también ha experimentado una gran evolución. La bicicleta ha mejorado muchísimo y hoy en día llegamos al mercado de otra manera: con una mayor visibilidad y una presencia internacional más sólida.
Durante tu presidencia, ¿cuáles han sido los momentos o las decisiones más difíciles?
Como ocurre en la mayoría de las cooperativas, las decisiones más complejas son aquellas en las que hay personas implicadas: compañeros, socios…
En estos casos hay que tomar decisiones que realmente no gustan. La pandemia fue un claro ejemplo de ello. Visto hoy con perspectiva, la pandemia fue un buen tiempo para Orbea, pero al principio había mucha incertidumbre, y tomar decisiones estratégicas no era nada fácil.
Sin embargo, como he dicho antes, he tenido mucha suerte. La evolución en estos 13 años siempre ha sido positiva y hemos estado en constante crecimiento.
He tenido mucha suerte. La evolución en estos 13 años siempre ha sido positiva y hemos estado en constante crecimiento.
Como bien dices, el crecimiento de los últimos años ha sido espectacular. ¿Cómo ha sido la digestión de ese éxito?
No solo ha habido crecimiento, sino que este ha llegado en muy poco tiempo. Crecer tanto a corto plazo no es fácil, pero creo que, aunque con dificultades, lo hemos gestionado bien.
Como punto débil, diría que hemos perdido en parte la cercanía. A veces hemos estado muy apretados, pero hoy en día creo que estamos en una buena situación.
Me preocupa mucho que se transmita bien el legado que recibí. En los últimos siete u ocho años se han incorporado muchos socios nuevos —de hecho, dos de cada tres lo son— y es un gran reto transmitirles los valores y la forma de hacer de Orbea. Como en los últimos años todo ha ido muy bien, mucha gente nueva no ha conocido los tiempos difíciles, lo que me da la responsabilidad de asegurar que, si en el futuro llegan malos momentos, también seremos capaces de mantener los valores de la cooperativa.
Me preocupa mucho que se transmita bien el legado que recibí. En los últimos siete u ocho años se han incorporado muchos socios nuevos —de hecho, dos de cada tres lo son— y es un gran reto transmitirles los valores y la forma de hacer de Orbea.
Convertirse en una marca global ha supuesto un crecimiento, pero muchas veces pone en peligro la identidad local. ¿Cómo se compagina la internacionalización con el carácter cooperativo?
Ha sido un proceso gradual. Hace 10-15 años nos dimos cuenta de que nuestra dimensión era demasiado pequeña para competir en el mercado y necesitábamos aumentarla.
Además, nuestro producto está muy cerca de las personas. La bicicleta la hacemos industrialmente, pero es un producto que llega directamente al destinatario final. La mayoría de las cooperativas de MONDRAGON, sobre todo del ámbito industrial, no tienen esa relación directa con el consumidor, y en nuestro caso es fundamental trabajar la marca, el producto y la cercanía.
Internet y las plataformas digitales también nos han ayudado mucho. Hubo un tiempo en el que se necesitaban catálogos y soportes físicos, mientras que hoy en día llegamos a la gente con mucha más facilidad.
Una de las claves ha sido nuestra fuerte apuesta por el crecimiento en Europa y Estados Unidos. La bicicleta también es un producto cada vez más global y nosotros hemos dado ese salto sin perder nuestra identidad.
Una de las claves ha sido nuestra fuerte apuesta por el crecimiento en Europa y Estados Unidos. La bicicleta también es un producto cada vez más global y nosotros hemos dado ese salto sin perder nuestra identidad.
Desde el punto de vista de la gobernanza, ¿cómo ves hoy el modelo cooperativo?
El cooperativismo nos ha ayudado mucho porque se entiende que dentro “hay otra forma de hacer”. De cara al exterior, sin embargo, muchas veces es difícil explicarlo.
Aun así, cuando tenemos la oportunidad de trabajar de forma cercana con los clientes y las tiendas, y explicamos la filosofía de Orbea, entienden el ser cooperativa como un valor añadido. En las redes sociales o en la web eso es más difícil de transmitir, pero en la relación cercana se entiende muy bien y se valora mucho.
¿Las nuevas generaciones realmente compran el relato de la cooperativa?
Es un gran reto, no solo para Orbea, sino para todas las cooperativas. En nuestro caso contamos con una ventaja: la bicicleta es un producto atractivo para los jóvenes, y eso nos ayuda a atraer talento.
En nuestro caso contamos con una ventaja: la bicicleta es un producto atractivo para los jóvenes, y eso nos ayuda a atraer talento.
Yo veo que muchos jóvenes que vienen de fuera valoran enormemente la forma de trabajar que tenemos aquí y los elementos que aporta el cooperativismo, como por ejemplo la distribución de los beneficios.
Además, en la Asamblea General que celebramos recientemente tuvimos datos muy significativos: contamos con una participación del 94% (teniendo en cuenta las representaciones) y el 70% asistió de forma presencial. Cabe destacar, asimismo, que era un sábado por la mañana soleado y, aun así, que hubiera esa asistencia demuestra que la gente cree en la cooperativa. Y muchos de esos socios son jóvenes.
También has participado en los órganos de MONDRAGON, concretamente en la Comisión Permanente. ¿Qué te ha aportado esa experiencia?
Ha sido muy enriquecedora. Te permite ver las cooperativas y el propio ecosistema de MONDRAGON desde otra perspectiva y, además, te da la oportunidad de relacionarte con personas de gran experiencia y conocer las realidades de otras cooperativas.
El reconocimiento recibido en la Asamblea General de este año fue muy emocionante. ¿Qué sentiste?
Durante la asamblea estuve muy tranquilo, pero cuando llegó el momento de la despedida y empecé a hablar, las emociones me desbordaron. La respuesta de la gente me llegó muy adentro y no lo olvidaré jamás. Me sentí muy querido.
Además, mi hija mayor estaba en la asamblea, ya que también trabaja en Orbea; era su primera asamblea y mi última. Ver a mi hija allí me hizo una ilusión especial. Aquí hablamos mucho del legado, y que mi hija se quede en Orbea me hace sentir, de alguna manera, que una partecita de mí se queda aquí.
Yo siempre digo que todos estamos aquí por un tiempo limitado, y que nuestro deber es dejar la cooperativa mejor de lo que la encontramos.
Yo siempre digo que todos estamos aquí por un tiempo limitado, y que nuestro deber es dejar la cooperativa mejor de lo que la encontramos.

De cara a 2030, ¿cómo imaginas Orbea?
Ahora mismo estamos elaborando el plan estratégico de 2030 y vemos el futuro de forma positiva. Es verdad que el mercado es bastante cambiante, pero creo que la posición que tenemos en el mundo de la bicicleta es buena.
Creo que seremos capaces de mantener de forma sostenible el lugar al que hemos llegado en los últimos años. No hemos subido la escalera para volver a bajarla después, sino para consolidarnos en lo alto. Tendremos muchos retos, pero veo el futuro con optimismo.
No hemos subido la escalera para volver a bajarla después, sino para consolidarnos en lo alto. Tendremos muchos retos, pero veo el futuro con optimismo.
¿Cómo afrontas la nueva etapa de la jubilación?
Quedarse mirando hacia atrás no es muy útil. Aquí termina una etapa y doy comienzo a otra. Mi principal objetivo es vivir esta nueva etapa con salud, dedicándome más tiempo a mí mismo y a mi familia.
¿Y de aquí en adelante? ¿Más trikitixa? ¿Algún viaje? ¿Y un sueño?
Algún viaje haré seguro, pero todavía no he pensado nada. La trikitixa es una de mis grandes aficiones, aunque ahora la tengo un poco de lado; seguro que la recuperaré. Seguro que me dedicaré a la música, y puede que empiece a aprender a tocar un instrumento nuevo. El monte, el deporte… quiero tomarme más tiempo para eso.
Mi sueño es ser abuelo algún día. Me gustaría compartir en el futuro una gran parte de mi tiempo libre con mis nietos.