¡Pintan bastos!

¡Pintan bastos!

Javier Marcos, director de TU Lankide
La evolución demográfica apunta a un envejecimiento de la población, lo cual supondrá retos de calado para empresas y para la sociedad.
15/04/2024

Demográficamente, la situación tiene sus bemoles. Veamos: ¿Sabes que en Euskadi ya tenemos casi 1.000 personas mayores de 100 años? Lo cual está muy bien, porque indica que cada vez vivimos más años. ¿Y sabes que, según la proyección del Eustat, la población de 65 o más años en 2036 seguirá aumentando y su peso llegará al 29,3%? ¿O que el crecimiento de la población de Euskadi hasta 2036 se va a deber exclusivamente al saldo migratorio (inmigraciones menos emigraciones), aportando 194.700 personas? ¿Y que el saldo natural (nacimientos menos defunciones) será negativo en todo el periodo, lo que provocaría que la población disminuya en 109.900 residentes por el aumento de las defunciones y la disminución de los nacimientos?

Esos son los datos, que pintan un escenario complicado. Porque esa pirámide poblacional plantea desafíos críticos sobre la sostenibilidad de los sistemas de pensiones, la atención sanitaria y la fuerza laboral, entre otros aspectos. Asimismo, el envejecimiento poblacional también implica una reducción de la población activa, es decir, menos trabajadores para sostener industrias clave, como algunas de las nuestras.

“Habrá que ponerse las pilas. Implicar a gobiernos, empresas y sociedad para intentar mitigar los efectos negativos de esta evolución demográfica en términos de crecimiento sostenible y cohesión social”

En definitiva, un reto con mayúsculas del que no sé yo si somos muy conscientes. Porque la evolución demográfica afectará a nuestros centros educativos –descenderá el número de matriculaciones–, al grueso de nuestras empresas industriales –la pelea por captar y retener talento es ya una realidad–, e incluso a nuestros patrones de consumo –tanto de alimentación, como de ocio–. Habrá que ponerse las pilas. Implicar a gobiernos, empresas y la sociedad civil para intentar mitigar los efectos negativos de esta evolución en términos de crecimiento sostenible y cohesión social.

¿Qué se puede hacer?

De cara a vislumbrar algunas soluciones, los expertos hablan de fomentar la natalidad (con políticas de apoyo a la familia y medidas de conciliación laboral y familiar); atraer y retener talento (facilitar la llegada y la integración de inmigrantes cualificados); o incentivar la innovación y la digitalización (para aumentar la productividad y reducir la dependencia de la fuerza laboral). Yo creo que, ante este desafío demográfico, en los próximos años tenemos que situar el foco en la cohesión social. La integración de inmigrantes, la redistribución de recursos y la creación de políticas inclusivas son fundamentales para mantener la armonía social y la solidaridad intergeneracional. Es decir, un ejercicio de adaptación –contamos con la experiencia de los años 60 y 70, con la llegada de muchas personas a Euskadi–, sin perder de vista nuestra identidad y valores con el fin de generar un futuro próspero y sostenible para las generaciones venideras.