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El centro de control
Mariu Artzamendi (Oñati, 52 años) no es una recién llegada al mundo cooperativo. Su trayectoria es el reflejo de la polivalencia que caracteriza a muchas personas socias de cooperativas de MONDRAGON. Socia desde 1998 en Fagor Electrodomésticos, su vida laboral ha estado ligada a la actividad del taller (Garagartza, Radar…), hasta que en 2012 se incorporó a la planta de Fagor Industrial.
Sin embargo, en 2018, Mariu dio un giro a su carrera. Con un grado medio de administración bajo el brazo, cambió la fabricación por la recepción de Onnera Group. “Antes siempre había trabajado en el taller, pero este cambio me ha permitido ver la cooperativa desde otro prisma”, explica.
Existe la creencia errónea de que el trabajo de recepción es estático. Nada más lejos de la realidad. Mariu describe su día a día como un ejercicio de malabarismo constante. Desde la planta de Santxolopetegi, gestiona un flujo incesante de personas y mercancías.
“Lo más difícil es gestionarlo todo con tranquilidad”, confiesa Mariu. “Todo suele ocurrir a la vez: suena el teléfono, llega una visita, entra un camión… y tú tienes que lograr que nadie sienta que tienes prisa”.
Su labor es vital para la seguridad y la logística de la planta: gestiona el registro obligatorio de cada visita. Nadie entra sin identificarse y sin un contacto interno. “Si hay una emergencia, necesitamos saber exactamente quién está dentro”, matiza.
Además, coordina la entrada de transportistas y material, especialmente para el almacén de recepción y el servicio SAT. Debe asegurarse de que los camiones lleguen a su hora y avisar al almacén si no hay personal disponible. Su puesto la conecta con Compras, Comercial, Recursos Humanos, Servicio Técnico y Taller.
Una mirada al futuro
Al preguntarle por el porvenir de su profesión, Mariu lo tiene claro: la tecnología ayuda (ella misma usa traductores online para comunicarse con transportistas extranjeros), pero no sustituye.
“La atención personalizada, la flexibilidad ante un imprevisto logístico y la calidez humana son un plus que crea una experiencia mucho más agradable para el visitante”, concluye. Su deseo para el día que se jubile es que su silla la ocupe otra persona, no un ordenador, capaz de seguir ofreciendo esa cara humana que “define los valores de nuestra cooperativa”.

Empatía: la herramienta que no tienen las máquinas
En tiempos de digitalización, donde algunas empresas sustituyen recepciones por pantallas táctiles, Mariu es una defensora acérrima del factor humano. Y tiene razones de peso.
“Cuando una persona llega enfadada o hay un problema de idioma, una máquina no tiene mano izquierda”, argumenta. Para ella, las tres competencias clave de su puesto son claras: empatía, organización y comunicación. “Me gusta conectar con las personas. Cuando hay problemas, si entiendes a quien tienes delante, todo se soluciona de forma más calmada”.
El puesto ha evolucionado. Ahora, la recepción de Onnera Group asume tareas que antes se externalizaban (como la centralita) o brinda apoyo administrativo a Recursos Humanos. Esta variedad es lo que motiva a Mariu: “El movimiento me gusta, nunca es aburrido”.