Colaboraciones

La Naturaleza no negocia

18/03/2020

Hace unos días envié un tweet con una serie de pensamientos sobre el coronavirus, que sorprendentemente se volvió también viral. Más de 500.000 impresiones (visualizaciones), 6.300 likes, y más de 2.000 retweets. Algunos de los que lo comentaron, me sugirieron que lo escribiera en el blog. A eso voy, ampliando un poco dichas reflexiones.

1. Quizá el coronavirus acelere la implantación del teletrabajo. Ahora se está poniendo a prueba la verdadera madurez digital de las empresas. En pocos días, muchos, hemos hecho auténticas inmersiones intensivas en plataformas de videoconferencia y similares. Espero que estos instrumentos lleguen para quedarse. Ojalá se imponga también un nuevo estilo de liderazgo, más orientado a la confianza y a la medida de objetivos que al control y al recuento de las horas presenciales. Es evidente que ello no será posible en todas las profesiones. Pero hay margen de maniobra suficiente para amplias mejoras, con incrementos substanciales de la productividad, y oportunidades de conciliación de la vida familiar.

2. También vamos a revisar el despliegue de las cadenas de suministro. La vieja globalización, en busca de las ventajas comparativas de los países (normalmente en coste), está profundamente cuestionada. La digitalización y la innovación hacen más volátiles y móviles los centros productivos. La convergencia de gran parte de Asia hacia economías de mercado desvanece las ventajas de costes. El reshoring (relocalización de actividades productivas a países de origen) será más rápido, por la necesidad de acelerar los ciclos de innovación (cosa que se consigue cerca de los centros de I+D), y por el temor a nuevos acontecimientos inesperados (pandemias, cambio climático, crisis políticas…)

3. Centenares de grupos de investigación en todo el mundo están compitiendo y cooperando a toda velocidad para conseguir la vacuna al coronavirus. Es un ejemplo de innovación orientada a misiones (resolver un reto humano urgente). Quizá de ahí también saquemos lecciones. Si el virus se propaga exponencialmente, las ideas y los conocimientos para combatirlo también lo hacen a la velocidad de la luz, a través de redes informáticas globales.

4. La ciencia dispone hoy de instrumentos considerados imposibles hasta hace poco: supercomputadores e inteligencia artificialComputadores como Summit, considerado el más rápido de la Tierra, se han puesto a trabajar, a la velocidad de la luz, para escanear miles de combinaciones moleculares que puedan generar una vacuna. El Barcelona Supercomputing Center está también en esa carrera contra el coronavirus. La inteligencia artificial puede modelar y testear virtualmente millones de patrones de moléculas que inhiban el contagio, o que combatan directamente al virus. La lección que debemos recordar es que jamás, jamás, se deben escatimar recursos a la investigación en campos tan críticos como estos.

5. El coronavirus nos hace conscientes de nuestra extrema vulnerabilidad. Ante él, tenemos las mismas protecciones que las tribus del Paleolítico. Es una amenaza global que deja atrás y empequeñece los problemas y las discusiones políticas de sólo hace unas semanas. Por fortuna la mortalidad es baja. Buena suerte. Podría ser un virus mortífero que exterminase a la mitad de la población. Aún así, únicamente nos puede ayudar a superarlo la concienciación individual, la cooperación a gran escala y el conocimiento científico que hemos acumulado y que estamos generando.

6. Se han roto todas las costuras geoestratégicas del viejo siglo XX. La respuesta ha sido dispar en los continentes. Tres “D”: Disciplina en Asia, Descoordinación en Europa, Darwinismo en EEUU. El modelo asiático, una vez más, ha sido el más eficiente ante una disrupción a gran escala. China, una dictadura, ha dado mejor respuesta a un gravísimo problema ciudadano que las democracias occidentales. Éstas deben tomar nota y actualizarse. Europa está reaccionando de forma caótica y descoordinada. La UE ha desaparecidoEs China quien está enviando material de apoyo, y especialistas, a una Europa colapsada, asumiendo el rol que EEUU ha desempeñado durante un siglo. Europa se convierte así en el apéndice occidental de Asia. Mientras, Trump habla de “un virus extranjero”, y, junto con Boris Johnson, parece prepararse para asumir un fuerte pico de mortalidad en sus poblaciones, priorizando la protección del sistema económico por encima del sistema sanitario.

(...)

Artículo publicado en: https://xavierferras.com/

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