Colaboraciones

Fortalezas y sombras de nuestra realidad cooperativa (y II)

27/06/2018

En esta segunda entrega del decálogo de fortalezas y sombras de nuestras cooperativas me refiero a cuestiones como el cambio, la adaptación, la puesta en valor de nuestro concepto de cooperación, el sentido del trabajo o los valores.
Fortalezas y sombras de nuestra realidad cooperativa (y II)

Zigo Ezpeleta

La fortaleza de asumir el cambio en primera persona vs la dinámica de considerar que son los demás los que tienen que cambiar.

Las estrategias para cambiar a los demás tienen generalmente poco recorrido, pues las personas cambian sólo si quieren hacerlo. Por supuesto que podemos influir, y ahí está la clave, pero no nos olvidemos de que la forma de influir más eficaz, y la única a largo plazo, es el ejemplo propio.

Si lográramos liderarnos a nosotros mismos conociéndonos mejor, equilibrando nuestras emociones, aceptándonos como somos, sabiendo ilusionarnos con los proyectos en los que participamos, etc. tendríamos organizaciones mucho más sanas y vivas.

Pero la vía del autoliderazgo tiene una condición: que no puedes echar balones fuera y culpar al mundo de tus males… y que necesitas humildad para aceptar tus limitaciones y seguir adelante. Hace falta tener humildad y coraje para asumir errores, reconocer que hay cosas que no sabemos y seguir aprendiendo. Pero es la única vía para el crecimiento.

La fortaleza de la adaptabilidad vs la sombra del purismo

A lo largo de nuestra historia cooperativa hemos demostrado que somos capaces de adaptarnos a contextos económicos y sociales cambiantes. Si no fuera así, hubiésemos desaparecido. Y en cada adaptación, cada vez que hemos tenido que replantearnos cosas, hemos sufrido.

Hemos tenido que renunciar a ser puros, entendiendo por puros a ser estrictamente fieles a cómo hacíamos las cosas en otros tiempos. A todos nos gustaría no tener contradicciones, no tener que ceder en cuestiones que creíamos importantes.

Pero la realidad nos empuja a gestionar dilemas, a meternos en el barro y a toparnos con contradicciones. El objetivo de Arizmendiarrieta no era crear cooperativas, sino transformar la empresa, dando centralidad a la persona, para transformar finalmente la sociedad. La fórmula jurídica cooperativa vino después. Los valores de persona, solidaridad, responsabilidad, trabajo, cooperación, justicia, fueron traducidos a la realidad a través de la fórmula cooperativa y sus normativas.

No nos quedemos sólo con las respuestas pues lo importante son las preguntas. ¿Cómo hacemos que la persona sea más protagonista en la actividad económica? ¿Cómo modelamos personas más cooperativas y más solidarias? ¿Cómo trabajamos en pos de una sociedad más justa? No nos quedemos con la cáscara sino intentemos vivir el contenido. Y si queremos que las personas de hoy vivan el proyecto, invitémoslas a responder a las preguntas y construyamos respuestas entre todos.

La fortaleza de tener un modelo admirado vs la sombra de no contarlo y no valorarlo

Nos pasa algo con el tema de contar nuestra historia. Parece que nos sentimos incómodos a la hora de contar lo que somos, con nuestras luces y sombras, pero sin olvidarnos de las luces. Necesitamos construir una narrativa actualizada de lo que somos, para mostrarnos sin vergüenzas absurdas. Y además tenemos la suerte de no tener que inventar nada, basta contar lo básico para generar interés. Con relativa frecuencia suelo tener la oportunidad de conversar con personas de lugares muy diversos que se han acercado a conocernos y casi siempre encuentran valor e inspiración en nuestro modelo.

Y esto de contarlo tiene también otra vertiente, la interna. No sabemos cómo superar el síndrome de normalitis, que lo padecemos en cierta medida todos los que formamos parte de esta experiencia y que consiste en creer que nuestra forma de funcionar es la normal, y en no valorar los inmensos aspectos positivos. Quizás tenemos que ganar perspectiva para valorar nuestro modelo cooperativo. 

La fortaleza de poder darle sentido al trabajo vs la sombra del sinsentido.

Las personas somos buscadores de objetivos, metas, significado. Necesitamos visualizar un futuro, un horizonte, una visión sobre nosotros mismos y nuestra labor, encontrar un sentido. He tenido la suerte de conocer a algunos cooperativistas que, una vez jubilados, miran hacia atrás y se sienten orgullosos de lo que hemos conseguido. Los ojos les brillan al relatar cómo era nuestra sociedad hace décadas y cómo es ahora, se emocionan discretamente al constatar que han dejado un futuro mejor para sus hijos y para las generaciones que les siguen. Es algo de fondo que les aporta profunda satisfacción y llena de sentido su trayectoria profesional. ¡Qué suerte!

Actualmente, la ciencia que estudia el compromiso nos habla de tres factores sobre los cuales pivota:

1. El gusto por la tarea, que te guste lo que haces, que disfrutes con tu trabajo.

2. El vínculo emocional con tu equipo, tu jefe o tu organización. Emoción que nace de la relación.

3. El sentido de propósito: que lo que haces tenga un sentido o propósito que te trascienda, que el para qué de tu trabajo sea algo positivo en términos humanos. 

Formamos parte de una experiencia cooperativa que nació en épocas duras, épocas de necesidad absoluta, y que tenía como propósito mejorar la calidad de vida de su entorno en términos materiales y en términos éticos. Transformar la empresa dándole la centralidad a la persona y al trabajo, y ponerla al servicio de una sociedad más justa, generando riqueza y repartiéndola equitativamente. En la medida en la que perdamos ese rumbo y confundamos los fines de nuestro proyecto cooperativo, en la medida en la que caigamos en la miopía de creer que el bienestar material nos va a proporcionar el sentido que necesitamos, nos estaremos perdiendo algo sustancial, estaremos perdiendo un poco de nuestra alma.

La fortaleza de vivir los valores vs la sombra de sacarlos sólo en tiempos de crisis

Las crisis pueden servir para aprender, pero sobrevivir a una no quiere decir que hayamos aprendido. Parece que tenemos valores como el de la solidaridad intercooperativa (desde las reconversiones, pasando por los fondos corporativos… hasta la ayuda al empleo de LagunAro), el valor de ser socio, el valor del trabajo, etc. que están dormidos en épocas de bonanza y se despiertan cuando las cosas pintan mal. ¿Los valores cooperativos son sólo para tiempos de crisis?. El reto es hacer cooperativismo y ser cooperativista también en épocas de crecimiento, y hacerlo desde la convicción, porque elegimos hacerlo.

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