Pablo Sorozabal Mariezcurrena. Y resucitó la zarzuela

Pablo Sorozabal Mariezcurrena. Y resucitó la zarzuela

Eukeni Olabarrieta
Nacido un 18 de septiembre en Donostia en el seno de una familia humilde, en un ambiente cercano a la marginalidad, se inscribió por azar en las clases gratuitas de solfeo en la Academia de Bellas Artes. Le gustó, se inscribió en el Orfeón Donostiarra y empezó a estudiar violín y piano. Y a partir de ahí tuvo una carrera fulgurante. Maestro de la zarzuela, falleció a los 91 años.
07/07/2022

En 1914 consigue un puesto fijo de violinista en la orquesta del Gran Casino de San Sebastián, pero lo abandonó en 1918 para trabajar como pianista del Café del Norte. Aspiraba a más y se fue a Madrid, a la Orquesta Filarmónica, donde como violinista cobraba la miseria de 5 duros por concierto, y con la obligación de acudir a los ensayos diarios. Esta precaria situación le obligaba a tocar en cafés, casinos y similares y a malvivir en pensiones.

Etapa alemana, muy fructífera

El ansia de triunfar como compositor y director de orquesta le lleva a buscar ayuda económica para ir a Alemania y consigue unas becas del ayuntamiento donostiarra y de la Diputación de Gipuzkoa y en 1920 se traslada a Leizpig, donde estudia composición y dirección de orquesta. En 1922 hace su debut como director dirigiendo la Leizpiger Symphonia Orchestra con un rotundo éxito. En esta etapa alemana, que duró hasta 1930, compuso mucha música sinfónica y vasca. En 1930 vuelve a España y dirige las principales orquesta sinfónicas siendo finalmente nombrado director de la Sinfónica de Madrid y más tarde de la Filarmónica de Madrid.

Un maestro del género lírico… a su pesar

Cuentan que en uno de los veranos que venía a Donostia de Alemania, un conocido le preguntó si con sus obras sinfónicas ganaba mucho dinero, a lo que respondió que no, que no ganaba un céntimo. Su interlocutor le dijo con una sonrisa, casi riéndose de él, que Guridi con El Caserío se estaba forrando. Esto le dio que pensar, a sus 30 años no tenía nada y las becas se le acababan. Él, que aspiraba a dedicarse a la música sinfónica pura, cayó en la cuenta de que esto era condenarse a ser pobre. Así que, obligado por las circunstancias, decidió dedicarse más a la lírica. Y con Pablo Sorozabal la zarzuela, que había tenido muchos altibajos y casi agonizaba, resucitó.

"En mi vida me han mantenido tres mujeres"

Esto solía decir con sorna: una rusa, Katiuska, una florista madrileña, La del Manojo de Rosas, y una jovencita de un pueblo pesquero, La Tabernera del Puerto. Estas son las zarzuelas más conocidas y populares y que le proporcionaron suculentos ingresos, pero escribió más de una veintena con éxito desigual. En el estreno de una zarzuela conoció a la actriz tiple cómica, Enriqueta Serrano, con la que se casó en 1933.

"Una buena parte de mi obra está constituida por música vasca"

Y es que, aunque se le conoce más por las zarzuelas, tiene muchas y buenísimas composiciones de música vasca y sinfónica donde se mezclan masas corales, trompas txistus, tambores, una música para el pueblo y como él decía “una música en la que se canta borracho de vino, de amor, de tristeza, de burla, de ternura, borracho en una palabra de vida”. La lista de composiciones es muy larga: kalez kale, marchas, zortzikos, canciones, dúos, suites sinfónicas… hasta su obra preferida Gernika (euzko ilen ibilketa) que como dijo de ella “es lo que más aprecio de cuanto he hecho en mi vida”. Murió en 1988 en Madrid sin ver representada una de sus obras preferidas, la ópera Juan José.