Colaboraciones

La participación interna de las personas en las empresas

27/07/2020

Nunca como en la actualidad se ha hecho visible la necesidad de la participación de las personas en las organizaciones.

La desafección y falta de compromiso es patente en cada nueva encuesta, en todo tipo de organizaciones, en todo tipo de países.

Y sin embargo cada vez buscamos más que las personas aporten con aquello que no se puede comprar: su energía, su ilusión, sus ganas de dar lo mejor. Con el contrato laboral  pagamos  presencia y horas, el resto me lo tienen que dar, voluntariamente, las personas.

En un entorno cada vez más próximo en el que un gran número de actividades se van a poder automatizar o digitalizar, la aportación humana en forma de servicio excelente, o de creación de valor desde el conocimiento y la creatividad va a diferenciar a personas y empresas.

Da igual lo perfecto que estén definidos los procesos si las personas no los ejecutan con compromiso hacia el cliente, el resultado, la calidad…

Da igual el conocimiento y experiencia que posean las personas que diseñan esos procesos, o productos y servicios, si no cuentan con el combustible de la ilusión y el compromiso.

Pero hay además otra razón para contar con las personas, y es que pueden aportar valor en toda actividad y especialmente en la gestión. En nuestra opinión separar los procesos y la gestión es una rémora taylorista que frena los resultados.

Al igual que las empresas hemos ido dando participación en la gestión o mejora de los procesos de operación o soporte, es hora de aumentar la participación en otros ámbitos. 

Pero ¿en qué consiste este tipo de participación?

La participación es un proceso que consiste en confiar, desplegar el poder de decisión, asumir riesgos (tanto la dirección como las “nuevas personas decisoras”), responsabilizarse cada persona de sus opiniones y de sus acciones, aceptar la diferencia y superar el miedo (las personas que dirigen, a ser superadas, las que ahora pueden participar en las decisiones, a equivocarse y a defraudar).

Con independencia a la forma en que se defina la “participación”, se debe diferenciar en el seno de la empresa tres ámbitos para el ejercicio de la misma:

  • Participación en la Gestión. Esta es la participación de las personas en la generación del proyecto empresarial, en la toma de decisiones, en las tareas relacionadas con su control y en las actividades llevadas a cabo por la empresa.
  • Participación Económica. El ejercicio de la participación en la gestión debe llevar asociado un reconocimiento, que se concreta en la participación en lo logrado, a través del salario, de la participación en beneficios u otra variante económica.
  • Participación en la propiedad. Esta forma de participación considera la relación de las personas con la propiedad de la organización, ya sea como accionistas, socios o como cooperativistas.

Dentro de estas tres categorías de participación cabe realizar una diferenciación fundamental. La primera categoría se encuentra íntimamente ligada a lo que se conoce como la nueva cultura participativa, mientras que las dos siguientes se engloban en el concepto europeo de participación financiera, conocido como el “enfoque modular de la participación financiera”. Con esta denominación y con arreglo al principio de voluntariedad, el CESE toma en cuenta todas las formas practicadas de participación financiera a nivel nacional, como lo son: participación en beneficios, participación individual en el capital y el plan ESOP (Employee Stock Ownership Plan/ Plan de participación accionarial de los trabajadores).

En este sentido entendemos que hay que desarrollar a su vez la Participación en la gestión como “la posibilidad y la práctica de las personas de una organización de decidir y/o actuar en cualquier ámbito de sus responsabilidades y en los entornos en los que los desarrollan, individualmente y/o en equipo”.

En multitud de ocasiones, las organizaciones han emprendido el camino de impulso de la participación de forma intuitiva, en procesos de hacer-aprender-hacer-aprender. Se trata de proyectos a largo plazo y que no en todos los casos se han gestionado de forma eficiente.

En contextos como el actual, las empresas están obligadas a actuar de forma eficiente, a racionalizar recursos y acertar con las estrategias y es en este contexto, donde es importante dar sentido y coherencia a los proyectos de participación y ser ayudado incluso con expertos externos a impulsarlos de forma eficiente.

Se plantea, a continuación, como ejemplo el enfoque de intervención de LKS NEXT abierto y adaptable a la realidad de cada organización, que para que resulte creíble y aplicable ha de tomar en consideración la realidad de cada organización en cuanto a sus rasgos culturales, actividad y el recorrido y la trayectoria de la organización en el ámbito de la participación.

 

 

 

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