Fortalezas y sombras de nuestra realidad cooperativa (I)

Fortalezas y sombras de nuestra realidad cooperativa (I)

Zigor Ezpeleta
En nuestras cooperativas, por el hecho de ser un modelo de empresa diferente al habitual, compartimos algunas potencialidades y dolencias específicas y, en consecuencia, claves de salud para nuestras organizaciones. El ADN cooperativo nos aporta unas fortalezas y también un riesgo a padecer ciertas dolencias.
20/03/2018

¿Qué sombras perniciosas para la salud de nuestras cooperativas debemos observar para no alimentarlas? Y, desde el otro polo, ¿qué potencialidades saludables debemos fortalecer conscientemente? En la medida en la que estemos alimentando los potenciales positivos, estamos inyectando energía al sistema, vida, al fin y al cabo. Y, por supuesto, también a la inversa. Trataré de poner nombre a algunas fortalezas y algunas sombras partiendo de la observación y de la vivencia de realidades que nos están sucediendo.

La tensión positiva vs la sombra de la acomodación

El diagnóstico sintético de una consultora que trabajé con nosotros fue el siguiente: respecto a procesos, tecnología, medios productivos, etc. estamos al nivel de la competencia, pero nos falta tensión respecto a la consecución de objetivos.

Dicho de otro modo, la bicicleta es buena pero el ciclista debe pedalear más. El empuje y la convicción para sacarnos de la zona de comodidad debe ser algo conscientemente trabajado y un principio para nuestros líderes. Para eso hace falta fuerza personal, energía disponible y decisión, y no siempre las tenemos. Debemos prepararnos para correr maratones, no para carreras de 100 metros. De todos modos, el objetivo finalista deber.a ser lograr que cada persona y cada equipo fuera capaz de operar autónomamente desde su grado óptimo de tensión.

La fortaleza del proyecto colectivo vs la sombra del igualitarismo

Nuestro modelo se declina en plural tanto en sus fines últimos como en nuestra forma de trabajar y tomar decisiones. El consenso es algo buscado, aunque no siempre posible. El trabajar en equipo, en clave participativa y dialogante es la norma entre nosotros, y sabemos bien que no es nada f.cil. Y todo ello nos aporta un potencial muy interesante de alineamiento de intereses, de compartir objetivos y estrategias. Pero también tiene una sombra peligrosa: el igualitarismo, entendido como esa tendencia a igualarnos en derechos y no tanto en obligaciones, esa tendencia a no diferenciar desempeños, ni positivos ni negativos, ese quedarnos en el gris insípido. En definitiva, en la ley de la mediocridad y en la difuminación de responsabilidades.

Creo que nos vienen tiempos en los que tendremos que valorar el talento de forma individualizada, tanto para atraerlo como para desarrollarlo internamente.

La fortaleza de la intercooperación vs la sombra de la endogamia

Me contó un socio de la desaparecida FED que cuando se constituyó la Corporación allí por principios de los 90 él y otros muchos se posicionaron en contra. Se sentían fuertes, exitosos, y veían más riesgo que ganancia en una  supraestructura. Pasaron los años y pasó lo que todos conocemos. Tras la quiebra y ante la necesidad de reubicar a todas las personas, ese mismo socio pedía más poder en la supraestructura, más capacidad de gestión y de delegación de poder hacia la Corporación. En la medida en la que cualquier organización se sienta más fuerte, más difícil será encontrarle sentido a colaborar con otras, menos necesidad se percibirá. Pero el sentimiento de fortaleza hoy en día es efímero si contemplamos el grado de incertidumbre en la que nos movemos todos. Estamos en un mundo de fluidez. Cambios descomunales en un tiempo muy corto.

La intercooperación nos ha dado estabilidad a las cooperativas de MONDRAGON: contamos con muchos mecanismos de intercooperación financiera, en el empleo y en múltiples foros en los que compartimos conocimiento y experiencias. No podemos entender lo que es nuestra experiencia cooperativa sin la intercooperación.

Pero tenemos la intuición compartida de que podemos hacer más, sobre todo cara a negocio. Una de las aportaciones de los líderes debe ser impulsar a las organizaciones para que se muevan hacia mayores cotas de colaboración, aportando perspectiva histórica y dando sentido estratégico a la intercooperación.

La fortaleza de la corresponsabilidad vs la sombra del victimismo

Si algo tiene el concepto cooperativo es el sentido de responsabilidad sobre lo que pasa en su entorno. Desde una actitud responsable es desde la que se crearon las cooperativas. Si no hubiese existido esa actitud, en vez de intentar cambiar las cosas y generar cooperativas se hubiesen quedado en la reivindicación, en la queja y en el resentimiento. Hoy tenemos unas organizaciones en las que la persona tiene un lugar privilegiado, puede participar en muchas decisiones que le afectan y puede influir en lo que le pasa. Y junto a esa capacidad de influencia se le traslada también la responsabilidad sobre su actos y decisiones. Es un trato justo. El precio de la participación es la responsabilidad sobre las decisiones.

Podemos llegar a ser muy críticos con el sistema, pero muy poco autocríticos con nosotros mismos. Hacer pedagogía de la responsabilidad es una de nuestras obligaciones si queremos que esto funcione. Debería ser la primera asignatura de la carrera de cooperativista.

La fortaleza de la organización democrática vs la sombra del populismo

Somos una experiencia de democracia económica reconocida a nivel mundial. Y aquella idea originaria de Arizmendiarrieta sigue siendo revolucionaria en la actualidad. Ser propietarios de nuestra empresa cooperativa y la dinámica democrática correspondiente nos convierten en una rara avis en el panorama empresarial. Somos un islote en un océano regulado por las leyes del capital. Situar la soberanía y el poder de decisión en la persona, aporta a nuestra estructura y a las decisiones que tomamos de una legitimidad incuestionable. Y cuando funciona bien, con órganos y colectivos alineados y relacionándose en base a la confianza, se convierte en una ventaja competitiva real.

Pero tener mecanismos democráticos de toma de decisiones no quiere decir que se sepan utilizar. Democráticamente se pueden tomar decisiones irresponsables, insolidarias o clientelistas. 

Ambos retos son difíciles, sobre todo porque para alcanzarlos tenemos que educar a las personas en una cultura democrática responsable.

Y tenemos dos grandes retos:

1. El de la gobernanza, que busca contar con órganos capacitados, que entienden y ejercen su rol, y que velan por el interés de la cooperativa en su conjunto.

2. El de la vertiente societaria de cada socio. En este caso el reto se sitúa en hacer pedagogía de conceptos como el bien colectivo o el legado. Esto es, en lograr que el interés particular que todo socio tiene y que emerge sin provocarlo, está moderado o equilibrado por el interés general.

La renuncia a intereses individuales por un bien colectivo mayor siempre ha sido un ejercicio complicado, y lo es m.s en la sociedad actual. Pero nos jugamos demasiado en ello como para dejar de trabajarlo.