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El mundo cambia a mejor (aunque no para todos)

23/05/2013

En 1950, China, India y Brasil juntos representaban solo el 10% de la economía mundial, mientras que a los seis líderes del Norte les correspondía más de la mitad. Según las proyecciones para el año 2050, Brasil, China e India juntos generarán el 40% de la producción mundial y superarán ampliamente al G-7.

La ONU mide anualmente en cada país diversos factores no sólo económicos sino también relativos a la educación, sanidad, …que engloba dentro del llamado Indice de Desarrollo Humano (IDH).
Este año el informe destaca el ascenso del Sur, confirmando un fantástico  avance en los últimos 12 años de los ciudadanos de muchos de los países más pobres. Cientos de millones de personas de China, Brasil, India y países africanos, aún registrando todavía una renta media muy baja, están saliendo de la miseria y reflejan una importante mejoría en el citado índice.
Es interesante constatar que esta situación coincide, además, con cambios muy relevantes en la economía mundial. Por primera vez en 150 años la producción conjunta de las tres economías líderes del mundo en desarrollo, China, India y Brasil, es prácticamente igual al PIB combinado de  las potencias industriales del Norte: Canadá, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y USA.
En 1950, China, India y Brasil juntos representaban solo el 10% de la economía mundial, y según las proyecciones para el año 2050, Brasil, China e India juntos generarán el 40% de la producción mundial y superarán ampliamente al G-7.
La mejora en el IDH de los países pobres coincide también con un notable crecimiento en el comercio, que en el 2011 representó cerca del 60% de la producción mundial. En él los países en desarrollo han desempeñado un papel clave y en 30 años su participación ha aumentado del 25% al 47%, destacando, además, el incremento del 8% al 27% entre países del Sur.
Hay unos cambios profundos en la economía  mundial, con buenas expectativas para los países más pobres, pero no para los países occidentales ni, especialmente, para el Estado español.
Aunque lo “políticamente adecuado” sea decir que la recuperación empezará  en “el 2º semestre del año que viene” las previsiones de la OCDE no apuntan a una recuperación relevante del empleo hasta finales de esta década.
La recuperación estable del consumo en el mercado español puede retrasarse todavía muchos años, con el consiguiente impacto en las empresas que dependen en gran medida del mismo.
Si bien los economistas defienden que es conveniente generar expectativas optimistas, es innegable  que sólo siendo realistas con el escenario más probable permite tomar medidas adecuadas.


¿Qué nos diría Arizmendiarrieta en este marco?


Obviamente, no podemos saber lo que nos diría  pero sí podemos inspirarnos en sus enseñanzas para hacer algunas consideraciones al respecto:
1.-El futuro no está prefijado. Incluso en un escenario negativo prolongado, hemos de asumir el protagonismo para buscar soluciones, sin esperar que éstas vengan de políticas macroeconómicas milagrosas a nivel autonómico, europeo ó mundial.
2.-En tiempos de especial dificultad es más necesaria la solidaridad. Implica aceptar sacrificios por las personas  y empresas que han tenido más acierto (ó mayor fortuna) en favor de aquellas que se enfrentan con dificultades insoslayables.
3.-Es preciso recuperar con fuerza el valor de la austeridad, como exigencia económica y moral. Fue clave para el despegue inicial de la Experiencia y puede ser imprescindible en los momentos actuales, ya que no se puede repartir más riqueza que la que se crea ni mantener el bienestar alcanzado en base a un endeudamiento creciente.
4.-El debate y las nuevas ideas son buenas, pero la confrontación es mala para todos. No olvidemos que ha sido  la cooperación “la poderosa palanca que ha multiplicado la eficacia de nuestros esfuerzos” y la responsable del “milagro de Mondragón”.
5.-Ninguna obra humana sobrevive por designio divino. Es necesario “renacer y adaptarse”, para lo que serán necesarios dirigentes competentes y con grandes dosis de energía y generosidad. Pero también se precisa una conciencia colectiva de que el reto es de tal envergadura que nadie quedaría inmune a las consecuencias de un fracaso colectivo.

 

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