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Sozializazioa: adiskidetasuna, areriotasuna eta isolamendua

2011/11/30
(Gaztelaniaz) Bajo este epígrafe voy a escribir una serie de artículos que engloben lo que ha sido conceptualizado como socialización.

Los otros

La socialización del niño desempeña un papel de central importancia en el despliegue de sus potencialidades humanas y en su vida futura. Toda la vida humana se desarrolla en relación con otros: los otros del grupo familiar, los del grupo social, los del grupo laboral. Algunos incluyen en ese Otro, seres que están para ellos más allá de la percepción de los sentidos como los seres metafísicos y divinos. Amistad y enemistad, simpatía y antipatía, cordialidad o frialdad, solidaridad o insolaridad, todos estos fenómenos afectivos se contienen en el frío concepto de socialización.

La primera socialización tiene lugar en la relación del niño con sus padres y el entorno familiar. Lo preciso tiene la rotundidad de esta afirmación: el ser humano nace en el seno de una relación y solo se desarrolla en esa relación. El autismo es la ausencia o la ruptura de esa relación primordial. Esto es lo que quiere decir el enunciado de que el ser humano es un ser social.

El descubrimiento de este hecho y, con él, las implicaciones en la concepción del ser humano y de las causas de su felicidad e infelicidad, de su salud psíquica o su enfermamiento es relativamente reciente. Freud pensaba que el ser humano nacía y se construía en aislamiento y que era solamente la necesidad de satisfacer sus impulsos materiales los que le llevaban a buscar al otro. La madre llegaría a ser importante para el niño solamente en la medida en que era fuente y causa de satisfacción de sus necesidades orales. Satisfecha su libido oral, la criatura volvía a su estado original de aislamiento satisfecho. A esto llamó Freud el principio del Nirvana.

Investigación psicobiológica

La investigación psicobiológica y los estudios naturalistas de la conducta humana han puesto de manifiesto que el impulso hacia el otro es, en el ser humano, primario. La criatura ya en el seno materno se encuentra orientada hacia el mundo interno de la madre adaptando sus ritmos biológicos hacia ella. Una vez emergida a la vida exterior, se irá tejiendo un vínculo hacia ella y hacia los seres que le proporcionen cuidados, cuya substancia está hecha de confianza, luz y amor, si los reclamos de la criatura de atención y cuidado son sensiblemente atendidos. Como podemos constatar en nuestras vidas, si ese cariño y llamada de presencia no son respondidos o respondidos inadecuadamente, el dolor, la rabia y la oscuridad ocuparán el campo de ese vínculo.

De esta primera relación social surge la matriz de la simpatía, admiración, autoestima, cordialidad y gusto por el Otro. Y de esta matriz surgirá el gusto del niño por otro niño y las relaciones vinculantes con los otros niños. Esta matriz es la que configura el denominado vínculo seguro.

El niño de vínculo seguro en el encuentro con otro niño entablará una relación confiada y desarrollará acciones de acercamiento cariñoso hacia él, de ofrendas,
dádivas y de solicitación de intercambios. Será un niño amistoso con los otros niños.

Si la noción de vínculo seguro se la debemos a Bowlby y a Ainsworth, la de niño vinculante y pacífico en el interludio con otros niños es tributaria de las
investigaciones de Montagner.

El niño que durante el primer año de vida ha experimentado la desatención o el cuidado indelicado, cuando llega a esta segunda etapa de su desarrollo, se posicionará frente a los otros en la desconfianza que, en unos casos, desembocará en retraimiento y, en otros, en agresión. Son esos niños de comportamiento temeroso y/o agresivo.

Será en los próximos artículos, desarrollaré los rasgos de los niños amistosos y pacíficos y los de los niños temerosos y agresivos, hablaré de sus implicaciones
en la personalidad social adulta y, también, de los modos en que la escuela puede intervenir para reconducir los desarrollos desviados. Porque si la familia desempeña un papel central en la configuración afectiva de la niña y el niño, la escuela puede ejercer efectos benéficos sobre su desarrollo, si es concebida no solo como un lugar de instrucción y domesticación sino como un espacio de cultivo del alma infantil que, a veces, es llamada a reconducir relaciones familiares desviadas.

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