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2011/07/26

(Gaztelaniaz) El otro día, a la salida de la iglesia, alguien a quien aprecio mucho, se me acercó y me dijo: “No estoy de acuerdo con lo que has escrito en el artículo ‘El no de los niños. Los niños de ahora reciben demasiados “sí” de padres y abuelos y, luego, cuando reciban el primer no, se tambalearán”. En el próximo artículo escribiré sobre lo que me has dicho, le respondí.

Los seres humanos nos entendemos en nuestros diferentes modos de pensar si acudimos a las raíces de este modo de pensamiento. Ideas como las que han sido expuestas a lo largo de todos mis artículos pueden ser comprendidas por quienes tienen ideas diferentes, si acudimos a las raíces de estas ideas. Y las raíces se encuentran en la concepción que se ha tenido del niño en la sociedad tradicional y la concepción que las ciencias modernas del niño han facultado de él.

En una conferencia que el Profesor De Ajuriaguerra dio en la Clínica Bel Air de Ginebra, decía que la niñez y el niño habían estado fuera de la óptica cultural en la sociedad tradicional europea. Si con Jean Jacques Rousseau, (Ginebra 1712-1778) son enunciadas las primeras ideas sobre una pedagogía de la confianza en el niño, será con Édouard Claparède (Ginebra 1873-1940) con quien se realizan los primeros pasos de lo que más tarde constituirá un cuerpo de conocimiento científicamente verificado sobre el desarrollo infantil. En 1906, Claparède creó en Ginebra un seminario de Psicología Educacional que derivaría en 1912 en el Instituto J.J. Rousseau, hoy Instituto de Ciencias de la Educación, del que Piaget fue su gran impulsor gracias a sus investigaciones sobre la Psicología Cognitiva del niño. Pueden, pues, ser considerados los albores del siglo XX como el inicio del estudio formal de la psicología infantil y puede ser considerada Ginebra como el nicho de donde emerge este interés científico por él.

En esta corriente de interés por el niño, otras iniciativas pedagógicas emergieron en otras partes del mundo, impulsadas por filosofías que ponían al ser humano en el centro de su atención. Me estoy refiriendo a María Montessori (1870-1952) , mujer admirable en su lucha por la emancipación femenina, e inteligencia preclara que, desde la medicina accedió a la psiquiatría y a la pedagogía, creando el movimiento de escuelas que ejercen su metodología, También Rudolf Steiner (1861-1925) filósofo fundador de la Sociedad Antroposófica de pensamiento y creador de la escuela Waldorf en Stuttgart, para hijos de trabajadores, cuyo método educativo es seguido por las escuelas que llevan su nombre. En Cataluña, una figura que no puede dejar de ser mencionada es la de Rosa Sensat i Vila, formada en el Instituto Rousseau de Ginebra e inspiradora de la Escuela de Maestros Rosa Sensat.

La psicología del niño

Freud hizo también tímidos intentos de fundar una psicología del niño, pero no llegó a hacer sino inferencias metapsicológicas a partir de recuerdos y sueños del adulto. No ha sido, finalmente, hasta el año 1958, cuando el estudio del primate infantil por Harlow y Suomi y el estudio empírico del niño iniciado por John Bowlby, han abierto el camino para la investigación científica de la psicología del ser humano desde el nacimiento hasta la edad adulta.

Todos estos estudios han puesto de manifiesto que el niño humano, heredero en sus estructuras físicas e instintivas del primate, lleva en sus conductas el germen de la perfección. No hay más que dejarlo evolucionar libremente, como preconizara Rousseau, informándole tan sólo acerca de las características físicas y sociales de un mundo tan apartado de su nicho original evolutivo. El niño aprende las normas sociales por imitación.

La mentalidad occidental

Mientras que la ciencia caminaba por estos derroteros, gran parte de la pedagogía ha seguido prisionera de la mentalidad occidental, que mira al niño bajo sospecha. Quien de modo más determinante influyó en esta sospecha heredada por nosotros fue S.Agustín con su doctrina del pecado original. Éste envenenaría el alma del niño desde su concepción. Logró que se le declarara hereje tras una complicada pugna a Julián de Eclanum que, con Pelagio, defendía la inocencia infantil. Desde entonces, los comportamientos del niño han sido vistos desde la perversión y torceduras del adulto y ello ha conducido a su represión. La confianza en él ha sido vista como peligrosa. Sus inexactitudes, como los inicios de todos los desmanes del adolescente y del adulto. Sin embargo, la fuente del pensamiento cristiano, Jesús de Nazareth, dijo que el único camino para entrever el Reino de Dios, era hacerse como son los niños.


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