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Eredu kooperatiboaren defentsan Eredu kooperatiboaren defentsan

‘Aurrera beti’

2013/10/25

Artículo de opinión de José Mª Ormaetxea, uno de los socios fundadores de la Experiencia Cooperativa de Mondragón. “Aurrera beti”. Estas son las últimas palabras que escribió el fundador de la ‘Experiencia Cooperativa de Mondragón’, José María Arizmendiarrieta, cuando le faltaban pocas horas para pasar a otra vida.

En estos momentos de zozobra me han venido a la mente, y no debería extrañar a nadie. Porque los primeros cooperativistas que nos unimos a él en sus magnos empeños, lo hacíamos siempre que algo nos turbaba. Sea de la naturaleza que fuese porque su visión de la vida era omnisciente.

Hoy, cuando se van a cumplir 37 años de su fallecimiento, se está produciendo un hecho importante. Que es uno más de los que a lo largo de 60 años se han producido en el cooperativismo que Arizmendiarrieta concibió repitiendo incesantemente la idea de que: El signo de la vitalidad no es durar, sino renacer y adaptarse”.

A nadie se le escapa que me estoy refiriendo a la declaración de preconcurso de acreedores de Fagor Electrodomésticos, pero sobre todo al abatimiento sin remisión, plena e inmediata, en el que van a quedar casi 2.000 trabajadores/socios de la cooperativa sin trabajo y, por consiguiente, de las aportaciones ahorradas en largos decenios que habían acumulado en su empresa.

Pero Arizmendiarrieta la solidaridad la entendía así: Los orígenes de la empresa que se ha fundado se hallan en la solidaridad y en el apoyo recíproco de un grupo humano desarrollando el trabajo que a cada miembro se le ha asignado. Es decir, la solidaridad es buena cuando se transforma en reciprocidad, es decir, que se aplica más allá de los límites de la empresa individual a escala más amplia.

Estos pensamientos, reflexiones y sugerencias premonitorias, deben encaminar nuestras acciones. La Experiencia de Mondragón tiene resortes que el mismo Arizmendiarrieta proclamaba “socializar el saber para democratizar el poder”. Pero fue más allá porque continuaba con sus fértiles asertos las palabras que no se convierten en hechos de nada sirven”.

Pero eso ya lo decía en 1943 cuando creó la Escuela Profesional de la que surgieron los principales promotores de las cooperativas, Centro de Formación que en 1997 se convirtió en Mondragón Unibertsitatea. En octubre de 1959 crea Lagun-Aro para la cobertura asistencial de los cooperativistas y que hoy mantiene más de 5.000 millones de Fondo Patrimonial. A comienzos de 1960 se abre al público Caja Laboral Popular que ahora intermedia más de 17.000 millones de euros con unos resultados netos en el primer semestre de 2013 de 56,4 millones.

Fuertemente consolidada es la entidad financiera de Euskadi con el mayor “rating” de solvencia; impulsó en 1974 el primer Centro de Investigación del Grupo que fue concluido el 23 de diciembre de 1976 (un mes más tarde de su fallecimiento) y que tenía como misión el desarrollo de nuevas actividades y superar la dependencia tecnológica foránea y hoy se ha extendido en una red de 19 centros que da ocupación a 2.100 personas de alta cualificación profesional.

De lo dicho no se deriva que todo el grupo creado, primero en torno a Caja Laboral y a partir de 1992 agrupada en MONDRAGON, atraviese por las mismas circunstancias afectadas de distinta forma por la profunda crisis mundial.


Es necesario que los distintos Grupos/Divisiones realicen un esfuerzo de adaptación mental para formar parte generosa en la resolución del problema que asumido por todos será, no sin sacrificios, felizmente solventado.

Medidas variadas

Llegado a este punto creo que las medidas que ahora mismo hay que adoptar son variadas, fuertemente relacionadas, como núcleos de un sistema articulado que interactúa afectándose mutuamente.

Los problemas variados de profundo calado, deben aislarse para reconocerlos y tratarlos con objetividad sin perder de vista en cuanto afectan a las demás variables del sutil y sensible grado de situación.

Y es necesario que los distintos Grupos/Divisiones realicen un esfuerzo de adaptación mental para formar parte generosa en la resolución del problema que asumido por todos será, no sin sacrificios, felizmente solventado.

Los compromisos básicos son:

  • Crear más empleos que sustituyan a los que desaparecerán una vez que Fagor Electrodomésticos reduzca su producción a la carga de trabajo que, aisladamente del todo, pueda ser inequívocamente rentable.
  • Lagun-Aro deberá emprender un plan especial para intervenir como núcleo central, aunque transitorio, para abordar su misión transgrediendo las normas, si fuese preciso, escritas en otros momentos y circunstancias.
  • Se deberán promover nuevas actividades productivas creadoras de empleo sobre todo en nuevos campos de actividad. Y estas nuevas vetas generadoras de empleo las deben desarrollar las cooperativas que ahora mismo se hallan en situación más pujante.
  • El pasado sistema de crear cooperativas con convenios internacionales en estos momentos dará menos juego pero habría que utilizarlo potenciando, si acaso, a Saiolan, entidad nacida en el seno de Mondragón Unibertsitatea, y otras fórmulas promotoras que el Grupo tiene en marcha.
  • Crear empleo, crear riqueza a través de nuestros Centros de Investigación que para eso existen además de ejercer otros menesteres.
  • Sólo una masa crítica de socios puede mantener nuestras instituciones más cohesionantes.

 

Es notorio que el empeño requerirá una previa financiación interna y externa, de instituciones propias y ajenas y que, pese a todos estos esfuerzos, muchos de los socios cooperativistas afectados –como lo han sido a lo largo de 60 años otros cooperativistas- no quedarán plenamente satisfechos. Pero sí se puede lograr que en 2 años se halle un reequilibrio que supere la tortura de ver a personas, fieles al cooperativismo, que han perdido el bienestar que les proporcionaba su trabajo, lo han recuperado gracias a unas mentes lúcidas, solidarias y que desean con su esfuerzo aportar la idea latente siempre de que el cooperativismo es algo más que una empresa: Es un modelo de trabajo en común que se halla en los genes de las personas que pueblan Euskal Herria. Hagámoslo entre nosotros y no defraudaremos al sistema y, sobre todo, a quienes esperan de nuestros directivos ideas, hechos, bienestar y solvencia hacia el futuro.

Y no olvidemos que en 1991 Fagor Electrodomésticos (entonces Ulgor) representaba el 25% del censo cooperativo y hoy sólo llega al 7% en un conjunto de 80.000 trabajadores. De modo que el problema se esquematiza en una solidaridad inteligente porque lo que hoy le ocurre a Fagor mañana le puede ocurrir a cualquier otra cooperativa o grupo cooperativo. La vida de la empresa es como la de un ser vivo, cambiante y sorpresivo.



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