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Mar arbolada

10/12/2013

Las cooperativas y sus socios trabajadores de la Corporación MONDRAGON seguramente están viviendo momentos difíciles de incertidumbre y perplejidad ante la crisis desatada por la presentación primero del preconcurso y posterior concurso de acreedores de Fagor Electrodomésticos, que se traducen en:

Crisis de confianza ante la situación de la Cooperativa que alumbró un nuevo modelo de empresa y que fue el germen del resto de las Cooperativas que hoy conforman el conglomerado cooperativo de la “Experiencia de MONDRAGON”. No podemos olvidar que fue el apoyo de Fagor Electrodomésticos lo que propició el nacimiento de Laboral Kutxa, entidad financiera que hoy presenta una fortaleza financiera envidiable en el ámbito de las dificultades vividas, y todavía no del todo superadas, en el mercado financiero español y desde su División Empresarial se promocionó y soportó todo el desarrollo de la mayoría de sus cooperativas.

Crisis de valores cuestionando hasta donde debe llegar la solidaridad, tras el encomiable esfuerzo solidario intercooperativo aprobado el pasado mes de mayo de respaldar con 70 M€ a Fagor Electrodomésticos, que se valoró como un ejemplo de comportamiento solidario por el mundo de la Economía Social. Ante esta certidumbre, ¿podemos preguntarnos hasta qué punto es razonable, sin poner en peligro al resto de Cooperativas, solicitar una extensión de esta muestra de solidaridad con otros 170 M€?.

Crisis de personas implicadas directa o indirectamente en la situación actual de Fagor Electrodomésticos, juzgadas desde el desenlace actual y sin la perspectiva de las circunstancias y posibilidades en las que se tomaron decisiones importantes.

Crisis de modelo cooperativo, olvidando los innumerables casos de empresas de capital que se han visto superadas por la crisis, tanto empresas pequeñas como grandes, cuando está más que demostrado que las empresas cooperativas donde los socios trabajadores participan plenamente en el capital, en los resultados y en la gestión, representan un modelo de economía al servicio de las personas con reconocimiento internacional (La ONU declaró 2012 como "el año internacional de las cooperativas”), pero no por ello inmunes al fracaso. Cierto que las Cooperativas tienen una mayor resistencia para superar periodos de crisis, pero esa resistencia tiene sus límites, incluso cuando se cuenta con un importante entramado de la solidaridad intercooperativa.

Podemos concluir que estamos inmersos en una gran tormenta que agita las aguas del mundo cooperativo, donde algunos, además, aprovechan la ocasión para echar gasolina al fuego y sacar conclusiones equivocadas con argumentos falaces, y en estas situaciones debe prevalecer la serenidad para abordar e implantar las decisiones necesarias para capear el temporal y salir fortalecidos desde los principios y valores de la “Experiencia”.

El faro cooperativo

Por mis hobbys marineros siempre me he sentido especialmente atraído por los faros, edificaciones recias y singulares levantadas en sitios avanzados de la costa, con amplios horizontes, con el objetivo de servir de referencia a los navegantes. Su mensaje es sencillo, alto y claro: unos destellos luminosos preestablecidos, de gran alcance, potente luminosidad y en permanente vigilia cada noche, cada año, sin fatiga ni pausa. Siempre es el mismo: aquel que permite al navegante conocer con exactitud a qué punto de la costa se está acercando o dejando atrás. Su importancia es relevante (seguramente hoy menor por los modernos medios de navegación soportados en satélites) pero mucho más en las noches de temporal cuando los vanos entre grandes olas no permiten tener una visión despejada y se corre el riesgo de encallar en la costa provocando la pérdida del barco y la vida de su tripulación.

A estas alturas de la lectura, os preguntaréis a qué viene esto de los faros, pero he llegado a la conclusión de que nuestro líder promotor de la “Experiencia Cooperativa de Mondragon” D. José María Arizmendiarrieta nos dejó muy bien dispuestas unas señales  que permanentemente nos alumbran con la fuerza del mensaje recogido en sus pensamientos, tan vigentes hoy como cuándo se escribieron.

Por ello me he permitido rescatar algunos del libro “Don José María Arizmendiarrieta – Pensamientos” recientemente reeditado asimilándolos a unos faros enhiestos que nos deben orientar en esta mar arbolada en la que tenemos que navegar:

Todos somos más deudores  a los demás de lo que nos imaginamos” (298)

“No se puede presumir de ser sociales ni justos olvidando lo que todos hemos recibido de la comunidad y de las generaciones que nos han precedido y sin hacer las aportaciones adecuadas de contraprestación” (299)

“Es indudable que el signo más esperanzador de una colectividad es saber unirse para construir, para edificar lo que interesa y mirar al porvenir” (302)

“Ayudémonos y estaremos seguros de que se nos ayudará y entre todos abriremos paso” (316)

“Formemos una comunidad convencida de serlo y su fuerza será inmensa” (321)

“La unión es la fuerza de los débiles. La solidaridad es la poderosa palanca que multiplica nuestras fuerzas” (322)

“La solidaridad no es una pura proclamación teórica, sino algo que debe ponerse en activo y de manifiesto aceptando de buen grado las limitaciones del trabajo en equipo y de la asociación, puesto que es la forma de llevar a efecto la ayuda de los unos a los otros” (329)

Tres son los mensajes en clave que entresacaría de estos siete pensamientos: Reconocimiento de lo recibido, Unidad y Solidaridad. Tres claves necesarias para afrontar el futuro aprovechando las oportunidades que siempre acompañan a las crisis por muy grandes que estas puedan llegar a ser.

Precisamente con estas mismas claves es necesario articular nuevas soluciones financieras de intercooperación para evitar que la situación pueda contaminar a otras cooperativas proveedoras de Fagor Electrodomésticos o implicadas en riesgos de firma ante terceros. En este apartado la rapidez y la comunicación, interna y externa, es esencial para evitar que se dude de la solvencia del resto de cooperativas y no se provoquen restricciones crediticias injustificadas.

Para responder a los retos derivados de esta crisis y evitar que se pueda repetir, será necesario  reflexionar sin tardanza sobre la conveniencia de reforzar la vocación de unidad en la Corporación MONDRAGON y dotarla de nuevas funciones, responsabilidades y recursos, potenciando las capacidades y profesionalidad del Centro Corporativo para responder de forma coherente.

 

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